





















Pintura
100 x 100 cm
Esta obra es un recordatorio de que lo efímero también puede ser eterno cuando nace del alma. Honrar la muerte es también honrar la vida, su movimiento, su misterio y su transformación constante.
Esta obra forma parte de la colección "Miradas de mi Tierra", un tributo a las profundas y significativas miradas de los pueblos indígenas mexicanos.